¿CONVIENE QUE ISABEL SEA CANONIZADA?

Por.- Nemesio Rodríguez Lois.
7 de marzo de 2024 por
Nemesio Rodríguez Lois

Por Nemesio Rodríguez Lois


Licenciado en Derecho por la Universidad Ibero Americana (1974)


Presidente emérito de la Red de Comunicadores Católicos entre 2010 y 2013.


Autor de ISABEL LA CATOLICA. SU LEGADO PARA MEXICO (2013)



​Empezaremos diciendo que Dios ha querido integrarnos dentro de una gran familia en la cual cada miembro está llamado a procurar el bien de su prójimo.


Por la Fe Católica sabemos que la muerte no rompe los lazos que nos unen a los cristianos.


Consecuencia de esto es que la devoción a los bienaventurados es una expresión del Dogma de la Comunión de los Santos que precisamente nos enseña como la muerte jamás rompe los lazos que unen a los cristianos con Cristo Nuestro Señor.


Dogma de Fe es que los santos, además de interceder por nosotros y concedernos favores, son para nosotros modelos a imitar.


De este modo, los santos son nuestros hermanos mayores que, con su ejemplo e intercesión nos ayudan para que lleguemos a reunirnos con ellos y –una vez reunidos- nos presentemos gloriosos ante Cristo Rey.


En otro orden de ideas pero dentro del mismo tema: Cuanta tristeza le abruma y cuanto sufre quien no tiene amigos o no puede recurrir a ellos cuando lo necesita.


Y volviendo al Dogma de la Comunión de los Santos, vemos como los bienaventurados que gozan ya de la visión beatífica son nuestros amigos que, siempre que se lo pidamos, están dispuestos a brindarnos su ayuda.


Podrán fallarnos los “amigos” que tenemos aquí en la tierra; en cambio los AMIGOS que tenemos en el Cielo (o sea los santos) siempre que sea para nuestro bien, estará dispuestos a escuchar e interceder por nuestras peticiones.


Esa es la explicación por la cual, cuando la Iglesia eleva a los altares a un determinado personaje, pretende dos finalidades:

- Presentar un ejemplo de cómo SI es posible vivir la Fe a plenitud.

- Mostrarle al mundo entero cómo –a partir de ese momento- cuenta ya con un nuevo intercesor ante Dios.


Toda esta introducción de orden teológico viene a tema porque, en el caso de que Isabel la Católica fuese elevada a los altares, se producirían varios beneficios como el que se conocería mejor la fuerte personalidad de una mujer santa y de recio templo como también lo fue Santa Teresa.


Al conocer su vida y obra, se reconocería a Isabel la Católica como una gran defensora de los derechos humanos, de lo cual dio prueba evidente en el momento en que condenó la actitud de  Cristóbal Colón cuando se enteró de que había esclavizado a unos indios en La Española.


“¿Con qué derecho esclaviza el Almirante a mis vasallos?”  Preguntó la Reina indignada.


En esos momentos, gracias al celo de la Gran Reina, se estaban poniendo las bases del Derecho Internacional Público el cual se fundamenta en el respeto de los derechos humanos de todos los pueblos.


Y es que la gesta de Evangelización y Civilización del Nuevo Mundo no fue una guerra de conquista y destrucción al estilo de las hordas de Atila, sino que fue una empresa liberadora en la cual quienes se iban incorporando a la Iglesia, al mismo tiempo, iban tomando conciencia de su dignidad de seres humanos.


Ahora bien, el hecho de que Isabel la Católica fuese elevada a los altares (primero beatificada y luego canonizada) traería muchas ventajas espirituales, sociales y materiales no solamente para España sino también para el resto del Mundo hispánico.


Mencionaremos las que, a nuestro juicio, son las más importantes.


Se confirmaría el sentido misional de la Conquista de América que no se limitó al descubrimiento y colonización sino que fue más allá al ponerse en marcha la empresa misionera más importante de todos los tiempos.


Una empresa sin parangón de la cual Isabel fue un pilar fundamental.


Consecuencia de lo anterior sería que la beatificación ayudaría a comprender las verdaderas razones de la presencia de España en América, razones que fueron netamente misionales.


Y al ser España, gracias a Isabel la Católica, la Nación Misionera por excelencia, esto hizo que España se convirtiese en un “pueblo elegido” al servicio de la Fe Católica.


Derivado del hecho de que España fue la Gran Nación Misionera, en el plano de la Fe los beneficios que traería la posible beatificación serían que la religión católica que profesamos crecería puesto que se estaría santificando a la mujer que trajo la Fe de Cristo a tierras de América.


Y es que, gracias a la Gran Empresa Misionera que Isabel puso en marcha, fue posible que surgiesen destacados benefactores sociales que tanto bien hicieron a estos pueblos.


Gracias a Isabel fueron posibles –valgan algunos ejemplos- grandes misioneros como el Venerable Vasco de Quiroga civilizando en las riberas del Lago de Pátzcuaro (Michoacán), como San Junípero Serra cristianizando California, el Hermano Pedro ayudando a los desvalidos en Guatemala o los jesuitas civilizando a los guaraníes en el Paraguay.


Y sin alcanzar el nivel supremo de la santidad, dentro de ese impulso civilizador, surgieron personajes que construyeron hospitales, caminos, escuelas, castellanizaron, unificaron racialmente a las diferentes etnias e incluso el caso sorprendente de que el misionero agustino Fray Diego de Chávez construyera la Laguna de Yuriria en Guanajuato (México) para aliviar las penurias de los pobladores que padecían los rigores de un clima semidesértico,


Todas estas proezas espirituales y materiales no hubieran sido posibles si Doña Isabel no les hubiera dado el primer impulso.


Debido a que nuestros pueblos son católicos, la deseada beatificación sería un motivo más para que los pueblos fuesen más religiosos y, por lo tanto, se recuperase mucho de lo perdido.


Ni duda cabe que esto le daría un gran impulso a la Nueva Evangelización que hoy nos pide la Iglesia puesto que el hombre necesita de impulsos sensibles que le hagan comprender mejor los dogmas de la Fe y las normas de la Moral.


Y concluimos con la opinión que al respecto han dado varios personajes.

En unas cartas publicadas en la revista española IGLESIA-MUND en los números 285-286 (otoño de 1984) dos obispos mexicanos expresaron lo siguiente:


“Que maravilloso sería para Hispano América que en el año 1992 brillara en el cielo de la Iglesia Universal la figura de mujer tan extraordinaria”

                                                       (Monseñor Antonio López Aviña. Arzobispo de Durango)


“Para España sería una joya en la ya rica diadema de santos que adornan las sienes de tan noble Madre Patria y para México una alegría y un honor inmenso ya que gracias al arrojo decidido y sobre todo al impulso radiante de fe de esta nobilísima Señora fue lo que hizo posible no sólo el descubrimiento de América sino la implantación de la fe católica en estas feraces tierras”

                                                      (Monseñor Rafael Muñoz Núñez. Obispo de Aguascalientes)


Asimismo, en el número 419 de IGLESIA-MUNDO, con motivo del IV Congreso Interamericano de Historia promovido por FUNDICE en octubre de 1990, dos ilustres intelectuales dieron también su opinión:

“La beatificación de Isabel sería una especie de ratificación del sentido misional de la conquista de América”

                                                       (Alberto Caturelli. Filósofo argentino)


“Sería para todo el Mundo hispánico un gran estímulo, así como un reconocimiento a su enorme valor como reina verdaderamente cristiana, como la gran artífice de la aventura de las tres carabelas que nos trajeron una bella lengua –para mí la más hermosa del mundo- la más alta de todas las religiones y además costumbres señoriales que se fundieron con las también costumbres señoriales de los indígenas”

            (Agustín Basave y Fernández del Valle. Rector emérito de la Universidad de Nuevo León)


Y rematamos con la opinión de don Carlos Abella, ex embajador de España ante la Santa Sede (1996-2004) quien dijo que se estaba cometiendo una injusticia con Isabel la Católica razón por la cual pidió que la hiciesen santa.


Y por su parte la pintora y escritora Pilar de Aristegui calificó a Isabel como “la mujer del milenio”

Compartir
Archivar